48 horas para salvar la empresa en ‘Sueños de libertad’ (Mejores momentos)
La tensión se palpa en cada palabra en uno de los momentos más decisivos de las últimas semanas en ‘Sueños de libertad’.

Damián se sienta frente a Antoine Brossard con una propuesta ambiciosa y arriesgada: comprar tiempo para salvar el legado familiar, aunque eso implique sacrificar otra de sus empresas.
El patriarca de los De la Reina no se anda con rodeos. Sabe que la cifra que pone sobre la mesa es elevada, pero no está dispuesto a negociar a la baja. «Lo toma o lo deja», le espeta al francés con la firmeza de quien ya ha tomado una decisión irrevocable. Damián ha decidido romper su acuerdo tácito con Floral, y para ello necesita reunir una cantidad de dinero que solo puede obtener de una manera: vendiendo La Industrial, la empresa de productos químicos de limpieza que fundó junto a su hijo Tasio.
Brossard no oculta su escepticismo. Cuestiona de dónde piensa sacar Damián semejante cantidad y pone en duda que una empresa recién creada pueda resultar atractiva para un comprador. Pero Damián no se deja intimidar. Aprovecha incluso para lanzar un dardo envenenado al francés, recordándole que ya cometió un grave error en el pasado al impedir que su hijo Jesús se asociara con los De la Reina. «Y ahora está a punto de cometer otro error, quizás más grave», le advierte con aplomo.
El pulso entre ambos hombres de negocios es contenido pero implacable. Brossard tantea, mide, evalúa. Damián sostiene la mirada sin ceder un milímetro. El francés termina por aceptar, aunque impone una condición innegociable: necesita garantías de que la venta de La Industrial sea un hecho consumado, no una simple promesa. «Te doy dos días para que cierre esta operación», sentencia Brossard. Y remata con una frase que suena tanto a incentivo como a advertencia: «Si lo hace, muy pronto podrá volver a ocupar este despacho».
Cuarenta y ocho horas. Ese es el margen que tiene Damián para cerrar la venta de una empresa que comparte con Tasio y que, previsiblemente, su hijo no querrá soltar. El patriarca ha apostado fuerte, convencido de que conservar la perfumería familiar vale cualquier sacrificio. Pero el reloj ya corre en su contra, y la operación depende de factores que no controla del todo. La pregunta queda flotando en el aire: ¿logrará Damián cerrar la venta a tiempo o este movimiento desesperado terminará por costarle más de lo que imaginaba?








