Braulio es incapaz de besar a Manuela en ‘Valle salvaje’ (Mejores momentos)

La escena arranca con Manuela buscando un acercamiento que Braulio lleva tiempo posponiendo.

Ella le mira de frente, directa, esperando un gesto que no termina de llegar. La tensión entre ambos es evidente.

«¿Qué ocurre? ¿No quiere besarme?», le pregunta Manuela sin rodeos.

Braulio se queda paralizado. Su respuesta llega atropellada, nerviosa, cargada de excusas que apenas disimulan lo que realmente siente.

«No, no, por supuesto que quiero besarla, por supuesto, pero creo que no es el lugar idóneo, nos podrían ver», argumenta él, tratando de ganar tiempo. El pretexto suena débil y Manuela lo percibe al instante.
«¿Acaso se avergüenza de mí?», dispara ella con un punto de herida en la voz. Braulio niega con vehemencia: «Todo lo contrario, ¿cómo me iba a avergonzar de usted?». Pero inmediatamente vuelve a escudarse en los demás.

«Sinceramente, me da miedo que pueda aparecer su padre y nos vea», confiesa. Es la segunda vez que recurre a esa coartada, y Manuela ya no la compra. «Otra vez mi santo padre», responde con fastidio, dejando claro que la paciencia se le agota.

Lo que Manuela no sabe —pero el espectador ya intuye— es que el verdadero problema de Braulio no tiene nada que ver con el lugar ni con posibles testigos. Su secreto es otro: nunca ha besado a nadie y el miedo a no estar a la altura le bloquea por completo, tal como ha confesado previamente a Alejo.

El momento decisivo llega cuando Manuela sentencia la situación con una mezcla de orgullo y coquetería. «Pues que sepa que ha perdido su oportunidad. Me ha rechazado y no pienso volver a intentar besarle», le advierte sin un ápice de duda.

Y entonces eleva la apuesta: «A partir de ahora, si quiere, tendrá que intentarlo usted». Braulio traga saliva mientras ella remata con una sonrisa desafiante.

«Y le puedo asegurar que no me pienso dejar tan fácilmente. No soy ese tipo de señoritas», añade Manuela, dejándole claro que el camino no será sencillo. La pelota queda en el tejado de un Braulio que apenas puede articular palabra.

La escena condensa a la perfección la dinámica entre ambos en ‘Valle Salvaje’: ella avanza, él retrocede. Manuela demuestra una vez más que no se anda con medias tintas, mientras Braulio sigue atrapado entre el deseo y una inseguridad que le resulta imposible confesar a la mujer que tiene delante.

El desenlace deja la relación en un punto de inflexión. Braulio ya no puede seguir refugiándose en excusas. Si quiere ese beso, tendrá que enfrentarse a sus propios miedos y dar un paso que, para alguien que jamás ha besado a nadie, se antoja casi heroico.

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